Entrevista a Laura González Cabrera

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“La enseñanza es una de las formas más emotivas de seguir aprendiendo”

Artista de nacimiento, profesora de vocación. Laura González Cabrera es docente de Artes plásticas del Lycée français international de Gran Canaria desde 2007, desde 6 ème a 3 ème y de Dibujo Técnico e Historia del Arte en Bachibac. Comenzó en la enseñanza al tiempo que estudiaba Bellas artes. Una faceta que dio un giro a partir de 2008, cuando su trabajo artístico salió fuera de la isla hasta la península y Dakar. El próximo mes de febrero participará en la feria Arco de Madrid con la galería Ángeles Baños. Tal y como asegura, “el arte te abre muchas puertas”. Conoce mejor a Laura en esta entrevista.

¿Cómo comenzaste a trabajar como profesora?
Desde que terminé los estudios de Bellas Artes (e incluso antes), daba clases particulares de pintura a grupos reducidos en diferentes lugares. Siempre me gustó la idea de comunicar o transmitir lo que sabía y descubrir todo lo que me faltaba por saber. La enseñanza es una de las formas más emotivas de seguir aprendiendo, y de salir del “ensimismamiento” al que te predispone la práctica artística. En uno de estos grupos tenía como alumnos a dos estudiantes del Lycée. En el momento en el que el profesor de Arts Plastiques dejó de dar clases en el colegio, las madres de estos alumnos me propusieron que hiciese una entrevista para cubrir la vacante. Fui a la entrevista y a los dos días empecé a trabajar allí.

¿Cuándo se produjo tu salto a otros países como artista?
La primera vez que participé en un proyecto fuera de España fue en la Bienal de Dakar Off, en 2008. En verdad no fue un salto, fue una excursión dentro de un proyecto institucional organizado por el Gobierno de Canarias. Viviendo en una región ultra periférica como es ésta, lo complicado es exponer fuera del archipiélago, es decir, en el continente, independientemente que sea en el extranjero o no. Puedo citar, por ejemplo, la dificultad para transportar la obra y su paso por aduanas. En mi caso, fue en el 2007 que la selección en un certamen nacional (Generaciones 2008, de Caja Madrid) me llevó a itinerar por varias ciudades españolas, el mismo año que participé en el proyecto de Dakar. Fue una feliz coincidencia que supuso el verdadero arranque de mi carrera.

¿Qué momento de tu trayectoria profesional guardas con más cariño?
Guardo muchos buenos recuerdos y espero que otros estén por venir. En general disfruto mucho de los proyectos que implican pasar un tiempo en otro lugar, conocer personas, convivir y compartir cosas con ellas. El arte es siempre una experiencia, pero en este caso se multiplica por mil. Recuerdo con gran cariño un proyecto/residencia en Nápoles en el verano de 2009, donde participé en el Fate Festival desarrollando un proyecto para un pueblo en el Monte Matesse. Y también, cómo no, la residencia del año pasado en el Centro Les Récollets en París, donde pasé cuatro meses diseñando y después realizando un mural en la fachada. Cuando vives rodeada de personas con ganas de descubrir cosas, inmersa en investigaciones y proyectos artísticos, te sientes parte de algo más grande y es más fácil trabajar. El esfuerzo deja de costarte esfuerzo y se convierte simplemente en motivación.
También guardo grandes recuerdos de cada vez que subo a un andamio para pintar un mural. Es una sensación muy particular, donde se mezcla la emoción de estar en las alturas, el esfuerzo físico de tener que mover todo el cuerpo para pintar y la concentración que hace que te olvides de dónde estás. Después, te lo recuerdan las agujetas.

¿Cómo te han ayudado los idiomas en tu faceta de artista internacional?
El arte es de por sí un lenguaje que te abre muchas puertas. Con los alumnos suelo compararlo a los idiomas porque aunque una parte de nuestra sensibilidad artística es cultural y generacional, otra es innata, instintiva, emocional… y ahí no hay fronteras. Podemos comunicarnos sin palabras.
En mi caso los idiomas, como el arte, también han contribuido a derribar fronteras. He podido acceder a información y contenidos que he necesitado, y no estaban traducidos al español, para desarrollar proyectos. También me ha permitido presentar y explicar propuestas en otros países o a profesionales de otros países.
En cualquier caso, frente al ya conocido valor que se le da a los idiomas respecto a la “ampliación del mercado laboral”, antepongo la “ampliación de experiencias” que no tienen precio. En eso, el arte y los idiomas también se parecen. Puedes viajar sin moverte del sitio o irte a otro país y sentirte como en casa.

¿Cómo vives ejercer de profesora?
Lo vivo como la dimensión más social de la creación, que en mi caso no considero que sean las inauguraciones. Es el ámbito donde compartir las experiencias y conocimientos que han enriquecido mi vida. Y cuando consigues despertar la curiosidad de algunos alumnos y afinar su sensibilidad para que descubran sus talentos, es una gran satisfacción. También lo vivo como la posibilidad de estar cerca de los más jóvenes y aprender de lo que viene, de sus ganas y sus desganas. Los alumnos son libros abiertos respecto a los cambios culturales y generacionales y tú una espectadora privilegiada que no pierde de vista el futuro.

¿Qué intentas transmitir a tus alumnos?
Que la creación no es restrictiva de los artistas y que el disfrute del arte tampoco. Que el arte no es hacer cosas bonitas ni reproducir con realismo una foto manejando bien una técnica. Se trata más bien de hacer algo con sentido y, a ser posible, de querer desarrollar las cualidades que llevan a conocer este sentido. Que todos estamos llamados a inventar algo, desde cualquier profesión, desde cualquier edad, desde cualquier contexto, y que esto está íntimamente ligado al disfrute de la vida. Que el arte es una herramienta poderosísima de autoconocimiento y de conocimiento del otro, sin juicios, sin etiquetas. “El otro” es desde la compañera que se sienta a tu lado a otra civilización, otro país u otra época. No podemos disfrutar, comprender o respetar lo que desconocemos, y de lo que, por tanto, nos hacemos falsos juicios que normalmente zanjamos con un “me gusta o no me gusta”, “me sirve o no me sirve”. Es fundamental despertar la curiosidad y el sentido crítico, así como asomarse a una visión más generosa, amplia y menos utilitaria de la vida.

¿Qué parte te gusta más de tu trabajo?
Sin duda, la comunicación con los alumnos. Y como artista, la fase de creación, la más privada y recóndita.

¿Cómo crees que el arte puede ayudar a los alumnos en su futuro?
Vivimos en una cultura en la que estamos tan saturados de información en forma de imágenes que parece difícil imaginar, porque ya se nos da todo imaginado. Seguir imaginando y tener ganas de adquirir las habilidades y medios necesarios para materializar lo que nos imaginamos es el ejercicio fundamental del arte y de la vida. Este ejercicio no conoce ni disciplina ni profesión. Además, el disfrute del arte es bueno para la salud mental y aprender a mirar solo puede sumar.
De lo contrario sería como conformarse con comer comida precocinada, perderíamos el paladar y el gusto, nos alimentaríamos sólo por supervivencia.
Además hay muchos profesionales que trabajan para la cultura y que no son artistas. Por poner un ejemplo destacado y actual, una de las mayores coleccionistas de arte de España, Pilar Citoler, es odontóloga y me cuesta imaginar que concejales, ministras y otras personas que gestionan instituciones culturales públicas y privadas puedan ser buenos profesionales sin haber desarrollado su sensibilidad artística y entrenado su mirada.

Fotografía de Jesús H. Verano

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